IMG_5175-copiaCompongo ocasionalmente, escribo cuentos y también algo de ciencia. Me especialicé en periodoncia en la Universidad de Columbia en Nueva York y he sido profesor titular universitario. Me complace haber contribuido a enseñar sobre el tema y he creado una competencia respetable. Ahora tengo más tiempo para escribir y componer música. Disfruto mucho trabajando con un equipo de profesionales, con veinticinco años de experiencia, en mantener dientes que podrían haberse perdido. Seguimos investigando en eso tan exótico como intentar predecir lo que duran los dientes. Es muy divertido. Un buen hobby. Tanto como escribir o componer.

Compongo música desde hace muchos años y lo hago de oído, porque soy un analfabeto musical. Grabo en el móvil lo que se me ocurre tararear, lo grabo con dos guitarras en un pequeño mezclador Tascam y llevo la maqueta al estudio de grabación para trabajar los arreglos. Lo hago con Hugo Iglesias, excelente músico y técnico de sonido.

Lo que cuento es bastante reciente, porque empecé a grabar en noviembre de 2013. Así es que los temas que presentamos los hemos sacado en medio año. Recordando cómo empezó esta aventura, la cosa fue bastante circunstancial. Hasta esa fecha, yo no tenía pensado grabar y compartir mi música. Habría quedado en el cajón, como tantos otros temas que compuse, ya que ni pretendo llegar muy lejos ni creo que tenga unas cualidades musicales destacables.  Pero lo cuento tal y como sucedieron las cosas.

Los temas que presento se han compuesto recientemente, pero hay uno que hice hace casi 30 años. Se titula “Qué podría decirte”. Lo he rescatado porque a mis hijos les gusta mucho. Me piden que lo interprete con frecuencia y eso me encanta. Por aquello de las muchas vueltas que da la vida, quien interpreta la canción es precisamente mi hija. Eso sí que es todo un honor.

Del conjunto de temas que presento, si tengo que quedarme con uno, lo hago con el que más trabajo me ha dado. “Qué hay de cierto” es un canto a la incertidumbre sobre el que he escrito mucho. Muchas letras, hasta llegar a la final. Está dedicada a mi hermana y a una persona especialmente querida, que escuchará la canción desde ese otro mundo sobre el que tantas cosas nos preguntamos. Como por ejemplo: ¿Tiene el dolor algún sentido? ¿Sirve para hacernos mejor personas? ¿Hay alguien ahí fuera? Menudas catarsis nos trae la vida.

Pues de eso y de otras cosas nacen las obras con las que intentamos expresar lo que sentimos. Y para eso están los artistas y las obras maestras. Los demás pasamos el rato imitando, aprendiendo y disfrutando. En mi caso, me cautiva más la historia de la que nace mi granito de arena que esa minúscula porción de materia, con la que aspiro a compartir algún sentimiento que otro, de la mejor manera que sé expresarlo.

A nuestra hija le regalamos un traje de hada madrina cuando tenía tres años. Le observé moviendo enérgicamente su varita mágica, acercándola aquí y allá como si fuese el mando de un televisor. Finalmente desistió. Nunca olvidaré esa escena. Se encaminó hacia mí, confiando en que pudiera solucionar su inesperado problema: papá, esto no va. Su varita mágica no funcionaba, por más que lo había intentado. El cuento que escribí al respecto fue “Neleb y la ramita de olivo”. Se lo regalé a mi hija cuando cumplió seis años. Lo intenté lo mejor que pude, convirtiéndola en una niña de un poblado íbero en la zona de Jávea, que le arrancó sin querer una ramita a su olivo. Pero como tantas veces, no podemos superar la realidad. No he podido superar la genuina realidad de haber sido padre de unos personajes tan maravillosos. Agradecí esa suerte y quise compartirla partiéndome de risa al escribir “Tremendos tortazos”. Es la historia de un niño que sintiéndose solo, encuentra una gran amistad. Ese niño son las inagotables historias de los niños que han llenado mi vida. Pronto sacaremos en la web la novela “Pegamento”. Es la historia de un joven con síndrome de Asperger. Un buen día desaparece, harto de las burlas en el instituto. Pero Héctor es fuerte y entre otras habilidades, es capaz de pegar todo lo que se le ocurra. Incluso a sí mismo al techo. Me complace enormemente que esta historia haya tenido una buena acogida y sea recomendado por alguna asociación nacional de Asperger.

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